De soles, nubes y volcanes

Texto: Rómulo Moya Peralta Fotos: Rómulo Moya Peralta/ Trama

Una delgada línea imaginaria, una sucesión infinita de puntos. Una idea sobre el planeta que habitamos que toma sentido en nuestro territorio, en donde lo imaginario se hace verdad, en donde el paisaje utópico es realidad. Que con sus tiempos geológicos planetarios permitieron que se arrugara la tierra y aun hoy conozcamos el fuego primigenio que vierte su calor sobre las laderas de los Andes, mientras la tierra palpita y nos despierta para mostrarnos que está viva, más viva que en ninguna parte. Espacio que surca la mitad del mundo, por donde seguimos una senda que nos permite contemplar los paisajes más hermosos, al tiempo que nos nutrimos de las historias y vivencias de sus habitantes, pueblo a pueblo, ciudad a ciudad. Aquí la cordillera se yergue a lo largo de todo el poniente, como la columna vertebral de su geografía. Franja montañosa que al llegar al Ecuador se bifurca creando una multitud de suelos, cuencos de vida, en donde se guardan secretos insondables para nosotros y la humanidad entera. Páramo húmedo que te deleitas con las nubes viajeras, qué sería de ti sin la nube, yerto desierto, animal inmóvil. Viene el sol a tu rescate dejando su senda de luz y los sembradores de silencios marchan mientras el canto del viento refresca tu pelo.