Cotopaxi, el gigante que nos mira

Texto: Rómulo Moya Peralta   Fotos: Rómulo Moya Peralta

En Ecuador no vivimos las cuatro estaciones y no sabemos el significado de tener una fuerte nevada que cubra nuestros campos, carreteras, casas y ciudades. Sin embargo, lo más relacionado al invierno del hemisferio norte se lo encuentra en la cima de los nevados y uno de los más especiales y accesibles es el Cotopaxi.

Entre el Trópico de Cáncer y el de Capricornio solo hay dos estaciones, invierno y verano. Así como los antiguos egipcios dividían el año en tres estaciones que correspondían al estado del río Nilo: inundaciones, regreso del río a su lecho y estación de bajo caudal. En cambio, ancestralmente, en esta región de los Andes, dividimos las estaciones en relación a los solsticios, el de verano e invierno, momentos que dan origen a festividades. Cada final de junio, el Ecuador se aleja más del sol y los días son más largos. En este tiempo, que empieza el 21 de junio, los pueblos indígenas celebran ceremonias para agradecer a su dios Sol. En casi todas las provincias de la Sierra se celebra el tiempo de fecundidad de la tierra con fiestas como Inti Raymi y las Yumbadas. Estas tradiciones pre-incásicas e incásicas, luego de la conquista, sufrieron cambios (sincretismo cultural); así las fiestas pasaron a ser las de San Juan, San Pedro y San Pablo, aunque la esencia del Inti Raymi o Fiesta del Sol no se ha perdido. El solsticio de invierno es la otra gran festividad de diciembre llamada Qapac Raymi. El páramo se caracteriza por un clima de alta montaña, con alfombras vegetales compuestas por millones de diminutas hojas verdes y flores blancas y amarillas.