La Compañía de Jesús

Texto: Rómulo Moya Peralta Fotos: Rómulo Moya Peralta / TRAMA

Las piedras, mensajeras del tiempo, sabedoras perpetuas de los acontecimientos extramuros, nos llevan a claustros silenciosos, llenos de misterios, de vidas recogidas, de místicas leyendas. Nos hablan de pasos, de acontecimientos, de búsquedas iguales y de las mismas preguntas sobre el insondable universo.

La cúpula de La Compañía incita a contemplar su fachada, imponente retablo de piedra labrada. Bajando por la calle Sucre desde la Plaza de San Francisco, nos acompaña el muro lateral de la iglesia, liso, sobrio, blanco. En cambio desde la calle García Moreno, al principio, sólo se ve la cruz de piedra en la vereda, porque la fachada de la iglesia retrocede y conforma un pequeño atrio. Luego se descubre todo el esplendor de su frontispicio con perfectas columnas salomónicas, salientes capiteles y remate de frontis curvo, donde armonizan la equilibrada composición renacentista y el potente movimiento barroco. Fachada o portada, es un libro barroco con mensajes religiosos y de potencia formal, es sincretismo puro, encuentro de culturas y saberes, de símbolos y manos laboriosas, de ideas y capacidad artística. Iniciada su construcción en el XVII, la fachada culminó en el XVIII. La magnificencia que anuncia la fachada cuaja en la nave. Esta iglesia, que recuerda la del Gesú, en Roma, tiene tres naves abovedadas con linternas, artesones de madera y retablos recubiertos en oro.