Chirije entre la arqueología y el astroturismo

Textos y fotografías: Rómulo Moya Peralta
Textos y fotografías: Rómulo Moya Peralta

Nada más bello que un cielo despejado en la noche, la bóveda celeste llena de estrellas, luces de colores titilantes, algunas incluso en fugaz movimiento. Así nos recibe este hermoso lugar situado muy cerca de Bahía de Caráquez, al que sólo se puede acceder por la playa cuando la marea está baja.

A poco de llegar y cruzando la frontera del crepúsculo, el cielo lleno de estrellas nos permite recorrer con nuestra mirada, la Vía Láctea, para descubrir así las estrellas y planetas que forjaron la esencia del hombre. Ya que sin duda somos seres cósmicos. No hay mejor lugar en el mundo que esta porción de playa y acantilado, para disfrutar del cielo nocturno, como lo hacían nuestros ancestros. Para esto nos hemos alejado de las grandes ciudades, escapando de su contaminación lumínica, que nos impiden ver objetos brillantes en el firmamento. En la noche tibia, de fines de noviembre, al mirar el cielo, recostado en una típica hamaca manabita, las preguntas llegan simultáneamente con el gozo de un espectáculo infinito, ¿cuántas estrellas veo? ¿cuántas son? Es casi imposible responder esta pregunta, sólo basta pensar que nuestro mundo está en una galaxia, pero el universo está plagado de muchísimas galaxias como la nuestra, cada una con infinidad de estrellas, son demasiadas existen millones de billones.